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Miedo en el PSOE a otro fracaso electoral: «Nos acecha una ruina electoral»

El PSOE vuelve a ser rehén de su eterno bucle de contradicciones internas sobre el modelo de Estado, su «españolidad» y la conveniencia estratégica, y reincidente, de pactar con partidos independentistaspara garantizarse poder a corto plazo, aunque sea a riesgo de perder votos y mayorías a largo. Los socialistas han entrado de nuevo en una ebullición latente y conspiradora. El malestar interno por una victoria inútil en Andalucía y la irritación creciente con la estrategia de alianzas de Pedro Sánchez, junto a la percepción ciudadana de que se ha alejado voluntariamente del «bloque constitucionalista», vuelven a poner en guardia al socialismo.

La reunión del Grupo Parlamentario socialista celebrada el martes reeditó el viejo debate de hacia dónde debe escorarse el PSOE para no diluirse poco a poco como marca electoral creíble. Ya ocurrió en la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero, donde un sector del PSOE contrario a pactar con separatistas, y partidario de reivindicar sin complejos la unidad de España, pugnó con el otro sector del partido de «alma nacionalista» y comprensivo con el derecho de autodeterminación o la España «plurinacional». Ya no es que el PSOE tenga hoy una honda preocupación por la evolución de su proyecto como partido con vocación nacional, o por la falta de un discurso unívoco y coherente en toda España, sino que ha emergido el miedo a que «Pedro Sánchez se cargue el partido», tal y como reflexionan desde el PSOE andaluz en privado.

Letargo voluntario

No es que se cuestione solo la estrategia de Sánchez con Cataluña como causante de una pérdida de votos notable. Es que hay dirigentes socialistas en los grupos parlamentarios, entre las «baronías» autonómicas, y en Ferraz, que se disponen a despertar del letargo voluntario que se impusieron después de que Sánchez arrasase a Susana Díaz en las primarias. Hoy ya discuten la autoridad personalista de Sánchez; cuestionan el acierto de una moción de censura de la mano de socios «poco recomendables y que nos hunden en las urnas»; lamentan su incapacidad para cerrar heridas tras la cruel batalla orgánica con Díaz; y censuran una radicalización que no comparte una parte relevante de su electorado tradicional. Más aún, en segmentos del PSOE cunde el pánico porque ni funciona su táctica de estigmatizar a la derecha, ni termina de calar en el electorado su dependencia ideológica de Podemos. Empieza a no importar tanto Sánchez… como el PSOE.

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